La gripe A o la comúnmente conocida como gripe porcina es una enfermedad infecciosa generada por un virus (tipo A) de la influenza cuyo reservorio natural son los cerdos. Este virus posee diversas cepas (H1N2, H3N2 o H3N1) que circulan entre los animales, pero fue la variedad H1N1 la que dio lugar a un episodio de zoonosis en marzo de 2009.
Al parecer el paciente cero, una niña californiana de 9 años, fue diagnosticado el 28 de marzo de 2009 en los Estados Unidos de América. En las siguientes semanas se diagnosticaron casos de gripe A en diferentes países como México, Canadá, España o Israel. Hecho que llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a elevar el nivel de alerta sanitaria a 4 el 27 de abril y dos días después a nivel 5. El aumento sustancial de los contagios en número y en extensión geográfica provocó que la OMS declarara el estado de pandemia (nivel de alerta 6) el 11 de junio de 2009. En este sentido, cabe destacar que a la gripe A se le atribuye un número de reproducción básico (R0) de entre 1.01 y 1.29, guarismo que la convierte en una enfermedad altamente contagiosa.
El peor momento de la pandemia podría situarse entre el 22 de julio y el 13 de diciembre de 2009. Durante este lapso temporal se registraron casi 10000 muertes confirmadas por gripe A y más de medio millón de contagios confirmados. Lo cierto es que resulta complejo conocer el número de decesos y contagios exacto o, al menos, aproximado, pues la OMS dejó de computar los casos de contagios a nivel mundial la última semana de noviembre de 2009. Aunque algunos estudios han cifrado la cantidad de posibles contagios en todo el mundo entre 700 millones y 1500 millones de personas.
Durante el año 2010 se fue atisbando el fin de la pandemia generada por el H1N1. Mientras el número de contagios se iba reduciendo, el número de muertes aumentaba paulatinamente. Ello radica en que un cuadro de influenza (tipo A) tratado de forma inadecuada o asociado a otra patología no controlada puede generar complicaciones, principalmente respiratorias (sinusitis, rinitis, neumonía o bronconeumonía) y cardiacas, que aumentan la probabilidad de un desenlace fatal. No obstante, tras registrar entre julio y agosto de 2010 poco más de 200 decesos causados por la gripe A en todo el mundo, el punto y final a la pandemia se le presumía cerca. Tanto que el 18 de septiembre la OMS declaró el fin de esta.
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